10 MOMENTOS DEL #SONAR2013

1. Nuevo Sónar de Día: la nueva ubicación diurna del festival proporciona muchísimo oxígeno al evento y permite disfrutar mejor de los conciertos, ya sea en un abarrotado y fiestero Village (que a última hora parecía una conjura de espartanos, por aquello de la marabunta masculina sin camiseta y con ganas de guerra) como en el exquisito Sónar Hall (esas cortinas rojas tan Lynch para albergar las propuestas más arriesgadas del festival, junto con un magnifico sonido, son todo un acierto, – y más si da cobijo a la tropa de Raster-Noton -).

A veces daba la sensación de deambular por el Sónar de Noche pero en versión after, por aquello de las naves industriales y los grandes espacios, pero el cambio es sin duda a mejor. Ya no hay vuelta atrás, solo cabe hacer más acogedores los espacios año tras año y solucionar algún problemilla con el limitador de sonido de algunos escenarios, y lo del CCCB quedará en un recuerdo para nostálgicos del “tardo-sonarismo”.

2. Kraftwerk en 3D: servidor nunca olvidará la ocasión que tuvo de ver al cuarteto alemán en el 2004, en un espacio reducido como es Razzmatazz (si lo comparamos con el hangar de Gran Via, claro). Uno quedó maravillado por el sonido más nítido y potente de todos los conciertos que había escuchado en la sala del Poble Nou, y por la solvencia y eficacia de sus visuales de siempre. El pasado viernes siguieron demostrando la vigencia de su sonido y de su propuesta visual, y el repaso a sus hits supuso un certificado de paternidad de la mayoría de propuestas que ha albergado el festival a lo largo de sus veinte años. Fiesta de cumpleaños perfecta entonces. Encima, por si sus proyecciones no fuesen lo suficientemente impactantes, las gafas 3D permitían sumergirte en el show aunque estuvieras a un kilómetro de él (a menos que, como mi compañera de concierto, necesites una revisión ocular urgente o un mayor poder de sugestión).

3. Atom TM: si lo de Kraftwerk es la paternidad del tecno en su espectro más amplio, lo de Atom TM (conocido en su faceta tropical como Señor Coconut) es una revisión del legado de los alemanes-robot en su versión más avanzada: más afilado, más punzante, más experimental, con reivindicaciones más actuales, pero todo sin salirse de las coordenadas kraftwerkianas. Raster-Noton sigue indagando en el techno y creando un sonido que necesita con urgencia una etiqueta propia, porque lo de Diamond Version que seguía luego ya acabó con los adjetivos.

4. Skrillex, “ni tanto ni tan poco”: todo el mundo esperaba al americano (unos con los brazos en alto y otros con el cuchillo en la boca), y hay que ser justo y ecuánime y decir que al final no estuvo tan mal. Lo suyo hay que medirlo desde una perspectiva de “Fatboy Slim del dubstep-techno-house” (los dos utilizan las banderitas, las odas a Barcelona y la parafernalia escénica como recurso fácil para ganarse a las masas). Su sonido fue más Deadmau5 que borrachera de “drops” (al menos la primera media hora que vio el servidor) y su música seguramente no pasará a la historia, pero tampoco hay que demonizar al chaval por ejercer de lo que es, un buen “entertainer” para la última hora de una pista de gran audiencia (juvenil).

5. Justice, y la fiesta de fin de curso: El dúo francés se marcó una sesión de dj a base de “bangers” de su sello y de su repertorio habitual, y tuvieron los huevazos toreros de colar a Boney M en medio de la sesión (con bastante destreza, eso si) y de acabar con una sucesión de temas como el “Be my baby” de las Ronettes, el “Ain’t no mountain high enough”, y el Phantom II de producción propia. La cosa tuvo su gracia, pero quedó en broma barata al lado de la sesión de Skream que tomaba el relevo en el SónarPub.

6. Skream, “¿Dubstep? ¿Qué dubstep dice usted?: ya nada queda (o eso parece) de aquel “Skream” que publicaba su primer álbum en el sello Tempa! (2006) izando la bandera (junto Kode-9) de aquel dubstep nebuloso, dubitativo y de regusto jamaicano que triunfaba en los suburbios de Londres y que despegaría luego a nivel internacional. Ahora Skream pincha techno, o techno-house, finísimo, nada de “temazos pa’la peña”, todo muy bien ensamblado y dejando el listón altísimo para la sesión de Laurent Garnier que venía luego.

7. Richie Hawtin “el omnipresente”: la agenda del canadiense durante el Sónar parece la de un político en campaña electoral. Su omnipresencia se dejó notar en decenas de actos Sónar y Off-Sónar: sesión en la Ciutadella, sesión en City Hall, sesión en su tienda pop-up, conferencia junto a Skrillex, sesión en Sónar, tomando algo en la zona Pro, sesión en el Poble Espanyol el domingo… una especie de “mozito feliz” del techno que se emplea a fondo en su cita de pretemporada ibicenca. Y como dice el refrán, quien mucho abarca poco aprieta, y Hawtin sigue con el piloto automático a base de techno-house de corte minimal de vuelo gallináceo. Una lástima, porque seguro que cuando el recinto del Sónar cierra todavía se escuchan psicofonías de sus brutales y estimulantes sesiones de principios de la década pasada (época cabeza rapada).

8. Los caídos en guerra: los rincones del recinto del Sónar, tanto en su variable nocturna como diurna, eran un pequeño cementerio de elefantes caídos en acto de servicio, abatidos por las maratonianas jornadas y por la ingesta masiva de vitaminas y bebidas isotónicas (modo irónico “on”). La mayoría eran hijos de la Gran Bretaña y vasallos de la Reina Isabel II, y hasta allí arrastraban sus cuerpos desgastados como podían, alejándose de la pista de baile y preparándose para la mutación en zombie al estilo “Walking Dead”. Mi más sincera admiración si el 30% de ellos consiguió llegar al hotel u hostal de turno.

9. AlunaGeorge: la frescura del dúo del momento vino genial para oxigenar la tarde del sábado del Sónar de Día, ya que las melodías soul y el contoneo de caderas de Aluna Francis, junto con los inspirados arreglos al teclado de George Reid, disiparon el peligro de “rave” que azotaba la explanada del Sónar Village. Con mucha clase, y haciendo fácil lo difícil, las canciones de su disco de debut “Body Music” fueron como una ducha de agua caliente después de 24 horas de fiesta.

10. La mezcla, el gentío y la algarabía: sin duda, lo mejor del Sónar es lo variopinto de su “target” de público, que va desde “ravers” hasta “hipsters”, pasando por británicas en plan despedida de soltera, malotes de extrarradio, pijo-progres que rozan los cuarenta, programadores informáticos, adolescentes fans de Justice, habituales de afters, modernos europeos de corte intelectual, aspirantes de go-gos ibicencos… y por encima de todos ellos Dita Von Teese (o como dijeron por ahí, “Tita Von Thyssen”) paseándose por la zona Pro con un ligero aire de pin-up durante los tres días de festival. Quizás ahora ya es más fan de Christeene que de Marilyn Manson…

T: David Moreno
F: Sónar 2013
Rocket Magazine Barcelona

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Journalist Editor in Chief and Founder of Rocket Magazine Barcelona Menswear Fashion since 2008

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